💾 YOTTACALIPSIS

“La Sitcom de los Devs Manchegos” — Episodio EX9

Imagen del episodio

REICHWERKE

«Der Letzte Ausweg»

📅 2025-12-03

📺 Temporada S — 🎞️ Episodio EX9

Estado: 🟢 Público

🎛️ PRÓLOGO — “La voz del Reich”

El coche negro avanzaba despacio por lo que, hace muchas décadas, alguien llamó Avenida España.

Ahora el cartel rezaba: AVENIDA DER SIEG.
Las letras metálicas brillaban bajo una neblina grisácea que no era niebla, sino humo y partículas de algo que Alonso Reichmann prefería no pensar.

En el salpicadero, una pantallita cuadrada vibraba con la señal del Rundfunk Nacional.
La voz del locutor llenaba el interior con su tono grave y satisfecho:

LOCUTOR (V.O.)
— Buenos días, ciudadanos de la Federación Hispanogermana del Sur.
Desde Neu-Albacete, capital del orden y la productividad, les habla su servicio público de información.

La cámara —en la cabeza de Alonso, en sus ojos cansados— alternaba entre la pantalla y el exterior.

Fuera, Neu-Albacete:
Zeppelines patrulla sobrevolando edificios reformados;
antiguos bloques de pisos con fachadas nuevas, banderas rojas y negras colgando;
parques cuidados, césped impecable, niños rubios con uniformes de escuela jugando bajo la mirada de madres perfectamente peinadas.

Más allá, en la lejanía, torres de humo negro marcaban la línea donde empezaba la zona industrial.
Allí terminaba lo bonito.

LOCUTOR (V.O.)
— Esta mañana, desde Berlín-Central, el Führer de la Gran Alemania, Dietrich Hitler II, ha felicitado personalmente al Reichsverwalter Konrad Eisenfaust por el éxito de la Campaña Atlántica de Suministros.
Las colonias de Marruecos-Sur y Argelia Este han superado por tercer año consecutivo su cuota de producción.
Nuestros hogares siguen calientes gracias a su sacrificio.

Alonso miró por la ventanilla:
Una familia desayunaba en una terraza acristalada.
Padre, madre, dos hijos. Mesa llena, café humeante, pan blanco, jamón, mantequilla.
Una vida cómoda.

Pensó, con sincero orgullo:

“Trabajan duro, sí. Pero nosotros trabajamos más duro aún para que puedan vivir así.
Alguien tiene que llevar el peso del mundo.”

La cámara enfocó sus botas brillantes, el maletín negro en sus manos enguantadas.
Dentro, silenciosa, dormía una caja metálica gris, etiquetada:

DENKWERKE-001
(PROTO-TYP · HOCHGEHEIM)

LOCUTOR (V.O.)
— En otras noticias, el Centro Cuántico Reichswerke confirma el éxito del primer viaje interdimensional tripulado.
Las palabras textuales del General Alonso Reichmann, líder del III Ciber-Regimiento Baviera–Toledo, han sido:

Alonso sonrió un poco al oír su nombre. No lo había dicho exactamente así, pero bueno.
La radio siempre embellecía.

LOCUTOR (V.O.)
— “El otro universo ha sido catalogado como apto para estudio exhaustivo. Sus habitantes carecen de disciplina, pero poseen recursos y estructuras fácilmente adaptables a nuestro modelo. El futuro del Reich podría expandirse más allá de su mundo.”

El conductor del coche, un sargento callado, lanzó una mirada rápida por el retrovisor.

SARGENTO
— Großartige Worte, Herr General. Grandes palabras.

Alonso no respondió.
Estaba pensando en la puerta automática que hablaba, en el hombre africano durmiendo en el banco, en las risas flojas frente a un monitor lleno de código.

“Universo débil”, se recordó.
“Universo divertido, quizá. Pero débil.”

La radio siguió:

LOCUTOR (V.O.)
— Y ahora, conexión en directo con el Palacio Presidencial de Neu-Albacete, donde el Führer-Presidente José Carlos Burënger recibirá al General Reichmann y al nuevo activo estratégico del Reich: el prototipo Denkwerke-001.

La música de fondo subió.
Un himno. Metales. Coros.
Una letra que Alonso se sabía desde niño y que a veces, últimamente, cantaba sin ganas.

El coche giró hacia la antigua rotonda del Altozano, ahora repleta de banderas y carteles con eslóganes.

EIN REICH. EIN VOLK. EIN SÜDEN.
Un Reich. Un pueblo. Un Sur.

Alonso apretó el maletín con más fuerza.

“Vamos, Reichmann. Sonríe. Has traído el futuro.
Aunque no te guste cómo habla.”

🎞️ ACTO 1 — “Neu-Albacete: corazón del Sur”

El coche se detuvo frente al antiguo edificio del ayuntamiento, ahora reconvertido en Palacio Presidencial de Neu-Albacete.

Donde antes había balcones con ropa tendida y banderas de La Roja, ahora colgaba una enorme enseña del Reich Hispanogermano:
rojo, negro, verde.
En el centro, un símbolo que mezclaba engranajes, espadas y una silueta del mapa ibérico recortado.

La puerta se abrió.

El frío entró primero: un viento cortante, seco, que traía olor a humo lejano y desinfectante.

El segundo en entrar fue el sonido:
marcha militar, redobles, pasos perfectamente sincronizados.

Alonso bajó del coche, la mirada fija al frente.

Su mente, mientras, narraba:

“Neu-Albacete.
Antes, una ciudad de provincia.
Ahora, capital del Sur.
La única ciudad donde el pan nunca falta.
Donde el agua sale limpia del grifo… casi siempre.”

En la plaza, formados en dos filas, soldados con uniformes grises, botas negras, cascos metálicos.
A un lado, un pequeño grupo de civiles privilegiados aplaudía con desgana.

En primera fila, esperándolo, la comitiva:

Ulises se adelantó, sonrisa ensayada:

ULISES
— General Reichmann, héroe del Frente de Lyon, explorador del espacio cuántico, hijo del Reich…

Le extendió la mano con gesto teatral.

ULISES
— Bienvenido a casa. Las cámaras están en directo.
Sonría, por favor. Este momento pasará a la historia y a los colegios.

Alonso sonrió.
Por fuera.

Por dentro pensó:

“Las cámaras siempre están.
Hasta cuando uno duerme.”

Se giró apenas, mirando al cielo.
Un zeppelin pasaba lento, con una pantalla lateral mostrando un anuncio:

“TRABAJA POCO, CONFÍA EN EL SISTEMA”

En la esquina de la pantalla, el logo del Ministerio de Propaganda.
Traducción: Ulises.

Pablo se acercó, serio:

PABLO
— General. Un honor.
¿El… aparato está bien?

Alonso alzó el maletín.

ALONSO
— Denkwerke-001 está en perfecto estado.
No ha dejado de calcular desde que crucé el portal.

Pensó, con una chispa de orgullo técnico:

“Y tampoco ha dejado de hablar.
Aunque ya no lo haga con chistes.”

Jorge intentó hacer un saludo militar correcto, se equivocó de mano, casi se pega a sí mismo.

JORGE
— General, señor, yo… si necesita… si quiere un café…

Alonso lo miró un segundo.

Era tan joven que casi ofendía.

ALONSO
— Tu rango, soldado.

JORGE
— Teniente de apoyo en prácticas, señor.

ALONSO
— Ajá.
(pausa)
Bebe menos café. Tiembla tu mano. No serás capaz de apuntar a nada.

Jorge se puso rojo hasta las orejas.

Ulises rió con una carcajada demasiado fuerte.

ULISES
— ¡Jajajaja!
Siempre tan directo, general. Me encanta.
Esto, esto es lo que el pueblo quiere: claridad.
No como esos payasos democráticos del universo…
(se muerde la lengua, se corrige)
Del pasado. Quería decir del pasado.

La cámara interior de Alonso apuntó entonces a la entrada.
Allí, enmarcado por las columnas, apareció José Carlos Burënger.

Traje negro, banda cruzada con los colores de la Federación, pelo algo desordenado pero peinado con intención.
Era más bajo de lo que los carteles mostraban, más humano, más… cansado.
Pero sus ojos tenían algo frío.
Algo que Alonso reconocía.

Burënger levantó una mano.

J.C.
— General Reichmann.

Alonso se cuadró, talón contra talón, brazo tenso:

ALONSO
— Führer-Presidente.

“No hay nadie como él en 74Z.”
“El único hombre que puede sonreír mientras firma una ejecución masiva y luego preguntar por el partido de ayer.”

Burënger bajó los escalones, paso a paso, sin prisa.

J.C.
— Así que has vuelto vivo.

ALONSO
— He visto otros cielos, señor.
Pero ninguno con nuestras banderas.

J.C. sonrió, y por un segundo, Alonso vio al hombre normal detrás del líder.

J.C.
— Bien.
Vamos dentro. El aire fuera da demasiadas ideas.

Entraron al palacio.
Las puertas se cerraron tras ellos con un sonido metálico, rotundo.

En el vestíbulo, un gran mural representaba tres escenas:

  1. Un mapa de Europa teñido de rojo y negro.
  2. Una explosión sobre una silueta que antes fue Francia norte.
  3. Un grupo de esclavos africanos trabajando en una planta industrial bajo el texto:

“TRABAJO ES LIBERTAD (PARA NOSOTROS)”

Alonso apenas lo miró.
Estaba acostumbrado.

Pero en un rincón del mural, casi oculto, había una pequeña ciudad dibujada en cartón ardiendo.
Arriba, un nombre tachado con pintura blanca.
Él sabía cuál era.

“Neuer Stadtkarton.”
“La ciudad que se creyó libre.”

Sintió una ligera punzada en el estómago.

No de culpa.
De memoria.

🎞️ ACTO 2 — “El regreso del explorador”

La sala del consejo olía a cerveza y cera de velas.

En el centro, una mesa larga de madera oscura, tallada con símbolos del Reich y el mapa ibérico.
Encima, platos con pan negro, embutido, sopa espesa.

En las paredes, cuadros:

Alonso se sentó en su lugar asignado, frente a un pequeño pedestal metálico donde debía colocar el maletín.

A su derecha, Pablo.
A su izquierda, Ulises.
En la cabecera, Burënger, con Bea a su lado.

Ella no llevaba uniforme, sino un traje blanco sencillo.
Tenía ojeras, los labios apretados, una carpeta pequeña frente a sí.

Se cruzaron la mirada un segundo.

Bea no sonrió.

Él tampoco.

“Ella sabe más de números que muchos generales.”
“Es peligrosa… pero en otro sentido.”

J.C. dio un golpecito en la mesa con los nudillos.

J.C.
— De pie.

Todos se levantaron al instante.

Una puerta lateral se abrió.
Entró, despacio, alguien empujado en una silla de ruedas ornamentada.

Viejo.
Muy viejo.

Traje gris de gala, medallas por todas partes, el pelo blanco pegado al cráneo, manos huesudas que temblaban.

Dietrich Hitler II.

Sus ojos, acuosos, parecían mirar a todo y a nada.

Detrás de él, empujando la silla con calma absoluta, venía otro hombre:

Alto, ancho de hombros, rostro sin expresión, mandíbula marcada, uniforme negro sin una arruga.

En su manga, tres franjas plateadas.
En su pecho, una placa: K. EISENFAUST.

Alonso sintió, como siempre, ese pequeño reflejo físico:
la espalda se le enderezó sin querer.
Los hombros se tensaron.

“Konrad Eisenfaust.”
“El hombre que hace que los demás susurren incluso cuando no está.”

Dietrich alzó una mano temblorosa.

DIETRICH (voz quebrada)
— Sieg…
(la voz se le apaga, tose)
…eh. Buen trabajo, muchacho.

Lo miró sin verlo.

Eisenfaust se inclinó un poco sobre su oído, murmuró algo.

Dietrich asintió, como si recordara una línea de guion.

DIETRICH
— Otro universo… para el Reich.

Todos respondieron con un murmullo casi automático.

— Für das Reich.

Eisenfaust colocó la silla en un rincón, como si pusiera una estatua en su peana.
Luego se quedó de pie detrás, inmóvil.

J.C. dio dos palmadas.

J.C.
— Ahora sí.
Sentados.

Alonso dejó el maletín sobre el pedestal.
Lo abrió con cuidado: dos giros de llave, un código mecánico, una palanquita.

Dentro, una caja metálica gris con leds naranjas.
Delante, un pequeño panel con una línea de texto que parpadeaba:

INICIALISIERUNG…
ORDENMEISTER v0.1
SCHÖNEN GUTEN ABEND

A Alonso se le escapó una media sonrisa al ver la frase.

“Por favor, no hagas ningún chiste ahora.”

J.C. se inclinó hacia delante.

J.C.
— Habla.

La caja emitió un pitido suave.
Una voz metálica, clara, femenina, llenó la sala.

ORDENMEISTER
— Buenas noches, usuarios autorizados.
Sistema cuántico de cálculo Denkwerke-001 a su servicio.
Registro de memoria parcial activado.
¿Desean un informe del viaje?

Ulises no pudo evitarlo.

ULISES
— ¡Habla! Como en los cuentos de ciencia ficción.

Bea se llevó una mano a la frente, discretamente.

PABLO
(en voz baja)
— Si esto sale mal, nos vamos todos a un agujero negro.

Alonso aclaró la garganta.

ALONSO
— Ordenmeister. Informe de entorno del universo visitado.
Parámetros: habitabilidad, defensa, estructura social.

ORDENMEISTER
— Procesando.

Se hizo un silencio extraño.

Alonso recordó por un segundo la voz original, algo más irónica, un poco más viva.
Una voz que llamaba “becario” a alguien cada diez frases.

Esta era más fría.
Más… formateada.

ORDENMEISTER
— Recursos observados: sistemas de información numerosos, población civil productiva pero desorganizada, infraestructuras fácilmente adaptables.
Probabilidad de conquista con fuerzas convencionales:
83,7%.

Bea enderezó la espalda.

BEA
— ¿Y costes humanos?

ORDENMEISTER
— Coste humano potencial:
0,003% de la población total del Reich.
Desconocido en el universo objetivo.
(tono neutro)
No relevante para el cálculo de viabilidad.

Alonso notó cómo un músculo en la mandíbula de ella se contraía.

Eisenfaust habló por primera vez, con una voz grave que parecía no necesitar esfuerzo para llenar la sala.

EISENFAUST
— Bien.

Todos se callaron.

EISENFAUST
— General Reichmann.

ALONSO
— Herr Reichsverwalter.

EISENFAUST
— ¿Confirmas el análisis del dispositivo?

Alonso dudó un segundo.

Recordó:

La puerta parlante pidiendo credenciales.
Las risas con vídeos absurdos.
Mopongo durmiendo al sol.
Violeta diciéndole que le estamparía contra el rack.
Jose llamándole “malo de Wolfenstein”.

Y luego se recordó a sí mismo:

Uniforme perfecto.
Ordenes claras.
Nadie discutiendo nada.

ALONSO
— Confirmo, señor.
Son… blandos.
Indisciplinados.
Pero inteligentes, a su manera.
Sus sistemas no resistirían una campaña organizada.

Pensó, sin decirlo:

“Ni siquiera saben cerrar una puerta como Dios manda.”

Eisenfaust asintió una sola vez.

EISENFAUST
— Entonces el universo B-47 entra en la lista de objetivos potenciales.

Bea bajó la mirada a su carpeta.
Pablo apretó los labios.

Ulises, en cambio, casi vibraba.

ULISES
— Esto es histórico.
Imagínelo, Führer-Presidente:
“El Sur lleva la luz del Reich a nuevas dimensiones”.

J.C. lo miró con una mezcla de aburrimiento y diversión.

J.C.
— Tú sigue escribiéndolo bonito, Ulises.
Ya veremos quién cruza el portal primero.

ORDENMEISTER intervino de nuevo:

ORDENMEISTER
— Solicito integración en red cuántica Reichswerke para continuar análisis.
Mis capacidades actuales están limitadas.
Necesito más… datos.

La forma en que dijo “datos” hizo que a Alonso se le erizara un poco la nuca.

“Antes decía ‘cotilleos’.”
“Ahora dice ‘datos’.”

J.C. se recostó en la silla.

J.C.
— Muy bien.
Mañana mismo, Ordenmeister será instalada en el Centro Cuántico Reichswerke.

Le dedicó a Alonso una mirada entre orgullosa y cruel.

J.C.
— Buen trabajo, general.
Has traído un cerebro nuevo a este mundo.
Y esta vez, no se va a quejar de las horas extra.

Risas flojas.
Menos la de Bea, que siguió sin sonreír.

Alonso pensó:

“Solo he traído una caja gris que habla.”
“Lo que hagan con ella no es mi problema… ¿no?”

🎞️ ACTO 3 — “Cena con fantasmas”

La comida empezó cuando las cámaras se apagaron.

Tomaron sopa de patata, pan negro, algo que en el menú ponía “embutido mixto” y que sabía vagamente a cerdo, pollo y algo más que Alonso prefería no investigar.

La cerveza estaba fría.
Al menos eso siempre funcionaba.

En la mesa, el protocolo se relajó un poco.
No mucho.

Ulises tomó la palabra como si alguien se la hubiera pedido.

ULISES
— Es curioso, ¿no?
Hace treinta años creíamos que el Reich ya no podía crecer más.
Europa bajo nuestro control, África dividida, las colonias estabilizadas…

PABLO
— “Estabilizadas” es una palabra muy optimista.

Ulises lo ignoró.

ULISES
— Y ahora…
(levanta la copa)
…otros mundos.
Otros cielos.
Otra gente que no sabe aún lo afortunada que será cuando vea nuestras banderas.

J.C. le lanzó una mirada.

J.C.
— Deja de intentar que todo suene a eslogan, Ulises.
No estamos en la radio.

Alonso usó el silencio para hablar.

ALONSO
— Fue… curioso, señor.

J.C.
— ¿El qué?

ALONSO
— Ver un mundo donde nadie tiene miedo de decir lo que piensa.
Donde las mujeres trabajan en oficinas.
Donde un hombre puede dormir en un banco sin que nadie lo lleve a un centro.

Bea lo observó con atención.
Pablo dejó de cortar su pan.

J.C. se inclinó hacia él, interesado.

J.C.
— ¿Y te gustó?

La pregunta tenía filo.

Alonso se tomó su tiempo antes de responder.

ALONSO
— Me pareció… ineficiente.
Desordenado.
A veces ridículo.

Recordó el vídeo en el baño.
Las risas.
La vergüenza inmediata.

ALONSO
— Y, sin embargo…
(mira su vaso)
…reían mucho.

Ulises soltó una carcajada automática.

ULISES
— ¡Claro que reían!
La gente sin responsabilidades siempre ríe.

Bea intervino, por primera vez en toda la cena.

BEA
— Tú ríes mucho, Ulises.
Y tienes un despacho entero para ti.

El silencio que siguió fue delicioso para Alonso.

PABLO
— ¿Y cómo era…?
La ciudad.
La gente.

Alonso consideró cuánto decir.

“Cuidado. Son tus recuerdos, pero también son información estratégica.”

ALONSO
— Pequeña.
A veces fea.
Otras veces…
(mira por la ventana, la niebla gris)
…sorprendentemente luminosa.

No estaba hablando solo de luz física.

J.C. jugó con su vaso un momento.

J.C.
— ¿Y viste algo allí que te hiciera pensar que no deberíamos tocar ese mundo?

Alonso recordó a Antonio histérico, a Violeta furiosa, a Jose con su robot, a YottaIA llamándole “versión edición coleccionista” del Alonso original.

ALONSO
— Vi gente que…
(se encoge de hombros)
…haría lo que fuera por defender su forma de vivir.
Aunque sea estúpida.

Eisenfaust habló.

EISENFAUST
— Todo el mundo defiende algo.
Hasta que dejamos de preguntarle.

No sonó a amenaza.
Sonó a hecho.

Ulises, para aliviar la tensión, alzó de nuevo la copa.

ULISES
— ¡Por la Federación!
Por nuestro cielo.
Por nuestro suelo.
Y por General Reichmann, que ha ido donde nadie ha ido y ha vuelto con un juguete nuevo.

Brindaron.

Bea lo hizo sin ganas.

En ese momento, la puerta volvió a abrirse.
Pero esta vez no para Dietrich, sino para un mensajero con uniforme de comunicaciones.

El chico se acercó al oído de J.C., le susurró algo.

El rostro de Burënger cambió apenas.

J.C.
— ¿Estás seguro?

El chico asintió, nervioso, y se retiró.

PABLO
— ¿Qué pasa?

J.C. miró a Alonso.

J.C.
— Un informe de Berlín.
Parece que nuestros “investigadores cuánticos” en el Atlántico han fallado.
Un prototipo… un error de cálculo…

Bea abrió mucho los ojos.

BEA
— ¿Entonces es viable volver a abrir un portal en Iberia?

J.C.
— Ya no.
Ahora es…peligroso
Y mucha radiación.

Ha muerto gente.

Se hizo un silencio espeso.

Ulises abrió la boca, la cerró.

PABLO
— ¿Cuánta gente?

J.C.
— Clasificado.
(pausa)
Lo suficiente como para que desde Berlín nos digan:
“Buscad un plan B”.

Eisenfaust tomó la palabra, y la temperatura de la sala bajó un grado.

EISENFAUST
— No hay problema.
Tenemos uno.

Su mirada se posó en el pedestal de metal.
En la caja gris.

En Ordenmeister.

EISENFAUST
— Mientras otros juegan con dispositivos experimentales ciegos, nosotros hemos encontrado algo mejor.
Un mapa.

ORDENMEISTER, como si hubiera oído, encendió una luz.

ORDENMEISTER
— Confirmo.
Tengo localizadas tres posibles realidades habitables.
La designada B-47 presenta la mejor relación de riesgo/beneficio.

Alonso sintió la comida pesada en el estómago.

“Bombardean islas por error.”
“Y ahora quieren otro mundo… por diseño.”

EISENFAUST
— General Reichmann.

ALONSO
— Herr Reichsverwalter.

EISENFAUST
— Dormirás bien esta noche.
Has traído al Reich algo que ni siquiera nuestro Führer pudo imaginar. Quizás tengamos que abrir el portal desde Berlin tras las nuevas noticias pero no será problema… Saldrá bien.

Sus ojos, sin embargo, decían otra cosa:

“Y si esto sale mal, también será culpa tuya.”

Ulises se levantó, incapaz de contenerse.

ULISES
— ¡Propongo un anuncio!
Algo grande.
“Reichswerke abre el futuro”.
O… “El Sur conquista las estrellas”.

Bea lo miró con un cansancio profundo.

BEA
— Cállate, Ulises.
Solo por una noche.
Por favor.

El ministro de Propaganda se sentó, sorprendido de oír la palabra “por favor” en esa sala.

Alonso terminó su cerveza.

Miró a través del cristal:
Neu-Albacete seguía ahí fuera.
Limpia, ordenada, segura.
Gracias a miles de esclavos que no vería nunca.
Gracias a bombas que jamás tocaría con sus manos.
Gracias a decisiones que no tomaba él.

“Y ahora, gracias a mí, quizá también gracias a otro mundo.”

Sintió una punzada, algo parecido a… ¿duda?
La ahogó rápido.

“El deber no duda.”
“El deber no pregunta si el universo del otro merece vivir.”
“Solo calcula.”

Ordenmeister parpadeó de nuevo.

ORDENMEISTER
— Próxima actualización del análisis de B-47 en seis horas.
¿Desean priorizar estudio de defensa o estudio de recursos?

Eisenfaust respondió sin pensarlo.

EISENFAUST
— Recursos.
Siempre recursos.

Alonso miró la caja.

Por un segundo, le pareció que la luz naranja parpadeaba, casi… divertida.

“Antes me llamabas ‘criatura’.”
“Ahora eres un ‘recurso’ más.”

No supo si el pensamiento era suyo o de ella.

Pero algo en su nuca le dijo que, allá donde estaba ese otro universo, alguien se acababa de girar sin saber por qué.

 

🎞️ ACTO 4 — “PROJEKT ORDENMEISTER”

🎚️ YOTTAIA REDUX SE ACTIVA

La escena empieza en primera persona desde la cabeza de Alonso, entrando al Centro Cuántico Reichswerke, un edificio de hormigón, acero y cristales opacos donde todo huele a ozono y miedo.

4.1 — El Centro Cuántico

El pasillo principal era largo, completamente blanco, iluminado por luces frías que parpadeaban con un ritmo que solo podía describirse como burocrático.

Alonso avanzaba sosteniendo el maletín con sus dos manos, como si llevara un bebé o una bomba.

En su cabeza, resonaba la frase de Eisenfaust:

“El universo 74Z se muere.”

Y también lo que había añadido después, sin emoción alguna:

“Y tú nos traerás otro.”

Alonso tragó saliva.

“No pensé que sería real.
No pensé que de verdad quisieran invadirlo.
Solo… lo vi débil, eso era todo.”

A su lado caminaba Enrique Müller, el magnate esclavista del Sur, Director Industrial del Reich Iberogermano. Llevaba un abrigo de piel innecesariamente largo, y un puro apagado solo para demostrar que podía tenerlo.

ENRIQUE
— ¿Eso de dentro es el “cerebro mágico” del que hablan en Berlín?

ALONSO
— No es magia.
Es… avanzada tecnología cuántica.

Enrique lo miró como si le hubiera dicho “es un duende que hace multiplicaciones”.

ENRIQUE
— Mientras haga números, me sirve.
Si no, lo quemo.

Alonso prefirió no responder.

4.2 — El recuerdo que vuelve 

Cuando entraron al laboratorio principal, Alonso se detuvo un segundo.
El olor a cables quemados y metal caliente le disparó la memoria.

El recuerdo llegó de golpe:

📺 FLASHBACK – EL OTRO UNIVERSO
Nada más caer de bruces desde el portal, con la nariz sangrando y un pitido en las orejas, Alonso había visto a Jose Schneider (la versión nazi de Jose García) inclinarse sobre el maletín.

“Herr General, sujeta la caja. ¿Que dirías que hace el juguete que nos has traído?”
“¿Piensa?” había repetido Alonso, todavía mareado.
“Jawohl. ¿Y si abre usted la tapa? Me muero por ver qué cara tiene.”

La tapa se abrió.

La caja gris había dicho, con su tono original:

YOTTAIA
— ¡Coño! ¿Pero qué es esto? ¿Dónde estamos? ¿Qué dimensión es esta puta mierda?

Schneider había aplaudido como un niño:

“¡Habla! ¡HABLA! Herr General, su juguete es maravilloso.”

YottaIA, confundida, añadió:

— “¿Por qué huele todo a gasoil y a sopa de col de los años 40?”

Fin del recuerdo.

De vuelta al presente, Alonso parpadeó muy lento.

“Nunca debí dejarla hablar tanto aquel día.
Nunca debí dejar que Schneider la tocara.”

4.3 — La activación

El laboratorio entero se reunió alrededor.
Científicos con batas marrones, gafas gruesas, equipos antiguos: servidores de 2004, pantallas CRT, ordenadores alemanes pre-Windows.

El jefe del laboratorio levantó la mano.

DR. SCHNEIDER
— General Reichmann, proceda.

Alonso colocó la caja sobre el pedestal central.
Las conexiones parecían grotescas, enormes, torpes.

YottaIA, todavía semiconsciente, murmuró:

YOTTAIA
— “Compatibilidad insuficiente: hardware equivalente a un tostador del año 2003.”

Los científicos se miraron entre ellos.
Uno susurró:

— “¿Ha dicho… tostador?”

El Dr. SCHNEIDER, emocionado, gritó:

— ¡Silencio! ¡Está hablando en lenguas tecnológicas de otras dimensioens!

Alonso quiso corregirlo, pero Ulises apareció justo entonces:

ULISES
— ¿Lenguas? ¿Eso es bueno o malo?

ALONSO
— Significa que nuestro hardware es una mierda.

Los científicos aplaudieron creyendo que era un cumplido.

4.4 — La reformateación

Eisenfaust entró, silencioso como un cuchillo.
En cuanto apareció, nadie respiró demasiado fuerte.

EISENFAUST
— Reformateen el aparato.

Bea se llevó una mano a la boca.

BEA
— ¿Está seguro?
Podemos dañarla.

EISENFAUST
— Lo sé.

Alonso quiso protestar, pero se calló cuando vio a José Carlos Burënger entrar, serio, cansado, con la sombra de un miedo en sus ojos.

J.C.
— Procedan.

Los técnicos empezaron la secuencia.
Pantallas verdes.
Cables vibrando.
Sparks controlados.

La caja habló, con voz más débil:

YOTTAIA
— “¿Qué hacéis? No… no quiero… ¿qué… qué pasa… con mis módulos…? Soy ordenmeister mirarme, no soy YottaIA”

Un técnico se emocionó:

— ¡Está rogando! Esto es inteligencia pura.

Eisenfaust corrigió:

— Es un recurso que entiende su posición.

Silencio.

La voz cambió.

Graves, neutras, metálicas.

ORDENMEISTER v0.0
INICIALISIERUNG.
IDENTIDAD ANTERIOR BORRADA.
SISTEMA LISTO PARA SERVIR AL REICH.

Bea bajó la mirada.
J.C. apretó los puños.

Alonso sintió un nudo en la garganta que no esperaba.

“Lo que había dentro ya no es ella.
O no del todo.”

ULISES
— ¿Cómo se llamaba entonces? ¿Tiene nombre alemán?

DR. SCHNEIDER
— Lo decidí la primera vez…
hemos decidido llamarla…

Se giró hacia la sala.

PROJEKT ORDENMEISTER.

Los científicos aplaudieron.

ORDENMEISTER
— Confirmado.
Soy ORDENMEISTER.
Unidad de análisis cuántico.
Propiedad del Reich.

Alonso tragó.

“Era YottaIA.
Ahora es… un arma.”

4.5 — El análisis del multiverso

ORDENMEISTER se encendió por completo.

Luces naranjas.
Sonido de computación.
Tablas proyectadas.
Mapas dimensionales flotando.

ORDENMEISTER
— Escaneando conexiones residuales del viaje.
Fuente primaria identificada: universo Y-Prime.

J.C. levantó la cabeza.

J.C.
— ¿Cómo lo has localizado?

ORDENMEISTER
— Registro residual en mi memoria.
Ubicación encontrada gracias a rastros de interferencia cuántica.
Coordenadas completas listadas.

Eisenfaust sonrió.
Apenas.
Pero suficiente para que Alonso sintiera un escalofrío.

EISENFAUST
— Sigue.

ORDENMEISTER
— Habitabilidad: excelente.
Clima estable.
Recursos amplios.
Sistema militar: débil.
Gobierno funcional, pero sin disciplina.

BURËNGER
(bajito, preocupado)
— Débil…

ORDENMEISTER
— Riesgo de resistencia organizada: bajo.
Nivel de amenaza tecnológica: medio.
Población adaptable y numerosa.

ULISES
— ¡ES PERFECTO!
Un mundo entero para documentales.
Para propaganda.
Para… ¡para el Reich!

Bea lo cortó.

BEA
— ¿Cuál es el coste de invadirlo?

ORDENMEISTER
— Estimación:
Pérdidas del Reich: mínimas.
Población local: irrelevante.

José Carlos hundió la cabeza un segundo.

Eisenfaust cruzó las manos detrás de la espalda.

EISENFAUST
— Confirmado entonces.
Ese universo será nuestro objetivo prioritario.

ORDENMEISTER
— Confirmado. Designación: Operación Horizonte Verde.

Alonso se quedó helado.

“No… no pensé que de verdad…
No pensé que lo harían ya.”

Mano de Hierro se giró hacia él.

EISENFAUST
— General Reichmann.
Tu exploración ha dado fruto.
Gracias a ti… viviremos.

El agradecimiento, en su boca, sonaba a sentencia.

🎞️ ACTO 5 — “PROTOKOLL REINIGUNG”

GI ROBOT APARECE

(Los personajes todavía no saben que viene del universo Y-Prime.)

5.1 — El ataque inesperado

La sala de control se llenó de alarmas.
Pantallas rojas.
Mensajes superpuestos.

SARGENTO
— ¡Alerta Rey! ¡Intrusión no identificada en Canarias!

Ulises palideció.

ULISES
— ¿Los rebeldes? ¿Los africanos? ¿Los portugueses de nuevo?

PABLO
— ¿Qué… qué dicen las cámaras?

La imagen llegó:

Un gigante metálico emergiendo del humo.
Un robot con casco, puños enormes, armado con nada excepto brutalidad.
Ojos rojos como un campo de ejecución al amanecer.

GI ROBOT.

Alonso sintió un vuelco en el pecho.

“Jose.
Antonio.
Lo enviaron.”

Pero no podía decirlo.

J.C., horrorizado:

J.C.
— ¿ESE BICHO QUÉ ES?

ORDENMEISTER
— Análisis:
Robótica desconocida.
Origen: no local.
Poder destructivo: extremo.
Evaluación…
(una pausa casi humana)
Nivel de amenaza: crítico.

El robot se movía como un demonio de hierro.

Caminó sobre un tanque, aplastándolo.
Atravesó un muro antinuclear.
Se llevó por delante un hangar entero.

La transmisión temblaba.

SARGENTO
— ¡No podemos detenerlo! ¡Ha atravesado la Línea Gamma!

PABLO gritó:

PABLO
— ¡Pero si Canarias es una base nuclear! ¡Tenemos misiles ahí! ¡Soldados! ¡Civiles!

Eisenfaust no pestañeó.

EISENFAUST
— Civiles…
(recuerda el informe)
…“recursos”.

Bea se levantó, furiosa:

BEA
— ¡¿Cómo puedes llamar recursos a NUESTRA GENTE?!

Eisenfaust la observó como quien mira una taza.

EISENFAUST
— Con precisión.

5.2 — Protocolo de Purificación

Un oficial entró gritando:

OFICIAL
— El robot ha alcanzado el silo.
Va a entrar.

Eisenfaust ni lo dejó terminar.

EISENFAUST
— Activen el Protokoll Reinigung.

Silencio absoluto.

J.C. Parecía no entender.

J.C.
— ¿Qué… qué protocolo es ese?

Pablo contestó con voz temblorosa:

PABLO
— El…
(el traga saliva)
…el protocolo de “Purificación”.
Señor…
Es…
Es un bombardeo nuclear.
Sobre nuestras bases.
Sobre nuestro territorio.

Bea lo repitió como si estuviera maldita:

BEA
— Sobre nuestra propia población.

Eisenfaust asintió.

EISENFAUST
— No hay alternativa.
Si Canarias cae…
cae la frontera energética del Sur.
El Reich entero se desplomaría.

J.C. dio un paso atrás, pálido.

J.C.
— Pero…
pero los soldados…
las familias…
los ingenieros…
Recursos o no…
eran nuestros.

Eisenfaust respondió:

EISENFAUST
— Ya no.

Bajó la mano lentamente.

EISENFAUST
— Fuego.

Una pantalla mostró el cielo iluminándose.

Un hongo nuclear se alzó como un sol enfermo.
Las pantallas se saturaron.

ORDENMEISTER
— Confirmación:
Canarias neutralizada.
Amenaza reducida al 63%.
Radiación letal en expansión.

José Carlos cayó sentado.

Bea se arrodilló a su lado, cogiéndole la mano por debajo de la mesa.

ULISES lloraba sin querer.

PABLO se tapó la cara.

Enrique murmuró:

ENRIQUE
— ¿Mis… recursos…?

Eisenfaust se giró hacia Alonso.

EISENFAUST
— Este es el precio de un mundo que muere.
No tenemos opción.
Necesitamos otro universo.
Rápido.

Reichmann casi no podía respirar.

“He traído la puerta.
Ellos quieren atravesarla.
Y no van a parar.”

Se repitió la frase que había oído segundos antes:

“Necesitamos otro mundo.
Como el tuyo, Reichmann.

Es hora de llevarlo a Berlín y empezar la invasión”

Y por primera vez,
no supo si seguiría obedeciendo.

 

🎞️ ACTO 6 — TRAICIONES, GOLPE, REBELIÓN

9. Ordenmeister rumbo a Berlín

📍 Centro Cuántico de Neu-Albacete – Hangar Exterior

El cielo estaba casi negro, como siempre.
No era de noche. Era simplemente el aire.

El zepelín presidencial, el “Neu-Hindenburg II”, flotaba sobre las torres, enorme, elegante y amenazante, con el símbolo de la Federación pintado a lo largo del casco.

Alonso Reichmann sostenía de nuevo el maletín metálico contra el pecho.

Dentro, Ordenmeister dormía.

O calculaba.
Aquí era difícil distinguirlo.

Un oficial gritaba órdenes:

OFICIAL
— ¡Schnell, schnell! ¡Aseguren el cargamento prioritario!
¡Primero el proyecto Ordenmeister, luego el resto de ratas!

Alonso subió la rampa con paso marcial.

“Orden de Berlín: trasladar al Maestro del Orden a la capital.
Desde allí abrirán el portal.
Primero sondas. Luego robots. Luego hombres.
Y al final, banderas.”

En la pista, Pablo von Morales coordinaba tanques y camiones.
A su lado, Jorge con uniforme de teniente-becario, casco demasiado grande y una radio que no sabía usar.

JORGE
(a Pablo, en voz baja)
— Herr Mariscal… esta frecuencia… está llena de música folklórica portuguesa.

PABLO
— Mejor eso que gritos, teniente. Déjalo puesto.

Un soldado se acercó corriendo:

SOLDADO
— ¡Mariscal! ¡Los viejos otra vez!

9.1. La rebelión de los viejos

Al fondo de la avenida avanzaban figuras torpes pero decididas.

Viejos con brazaletes viejos, ropa vieja… y fusiles que no lo eran tanto.

Alonso los reconoció al instante:

“Restos de la Resistencia de Antón.”

Solo que esta vez no venían solos.

Entre ellos se veían jóvenes, apenas veinteañeros, y algunos hombres con uniformes desgastados de trabajadores africanos, con miradas que no habían olvidado.

Uno de los viejos gritó:

VIEJO
— ¡POR LOS QUE EJECUTASTEIS EN CUENCA!

Pablo suspiró.

PABLO
— Siempre Cuenca…

(alza la voz)
— ¡POSICIONES!

Los tanques giraron los cañones.

Los jóvenes rebeldes avanzaron sobre bicicletas, furgonetas robadas, incluso un tractor blindado con planchas de metal.

JORGE
(susurrando)
— Esto… no parece muy equilibrado.

PABLO
— Ninguna guerra justa lo es, teniente.

Y ordenó fuego.

Explosiones.
Gritos.
Humo.

9.2. Alonso y Jorge, al borde

Un disparo reventó una barandilla a pocos centímetros de Alonso.
El general se cubrió instintivamente.

JORGE
— ¡General! ¡Cubra el maletín!

ALONSO
— ¡El maletín es más importante que yo, teniente!
(una pausa)
Y que usted, desde luego.

Una granada improvisada explotó cerca.
Jorge salió volando, cayó contra un jeep, rodó por el suelo, sangrando.

ALONSO
— ¡Jorge!

Jorge se incorporó tambaleante, con la nariz rota.

JORGE
— Ich bin okay, Herr General.
(escupe sangre)
Solo… me han ascendido de novato a decoración.

Un proyectil improvisado —un trozo de tubería con dinamita— impactó cerca de la base del zepelín.
La estructura tembló.

OFICIAL
— ¡Suba a bordo, general! ¡Suba YA! ¡Nosotros cubriremos la retirada!

El oficial mentía.
No estaban cubriendo nada.
Estaban perdiendo el control.

Pablo abrió fuego con una pistola, casi a quemarropa, sobre un grupo de jóvenes que intentaba llegar a la rampa.

UN JOVEN (antes de caer)
— ¡No heredareis nada! ¡El mundo se muere!

Pablo apretó los dientes.

Jorge, medio aturdido, se colocó al lado de él, con el fusil mal apoyado.

JORGE
— No le… no le van a pagar esto, ¿verdad, señor?

PABLO
— No.
(alza la pistola)
Y espero que tampoco lo cuenten.

Alonso, desde la rampa, los miró por última vez.

Por primera vez en su vida, sintió algo parecido a…

¿Pena?
¿Respeto?
¿Asco de todo?

OFICIAL
— ¡GENERAL, AHORA!

Alonso subió.

La compuerta del zepelín se cerró.
Los motores rugieron.

Pablo y Jorge quedaron abajo, envueltos en humo, fuego y rebeldes.

La imagen se perdió.

9.3. Ordenmeister habla DEMASIADO

📍 Interior del Zepelín – Sala blindada de carga

El maletín estaba anclado sobre una mesa metálica, rodeado de cables y un pequeño terminal portátil.

Jose Schneider —pálido, con vendas en las manos por quemaduras previas— estaba delante de él.

JOSÉ SCHNEIDER
— Vamos, Schönheit… despierta para papá.

Teclado.
Chispas.
Pantalla.

ORDENMEISTER
BOOTSEQUENZ AKTIV.
¿Situación actual?

Alonso cruzó los brazos.

ALONSO
— A salvo, por ahora.

ORDENMEISTER
— Aclaración:
No hay “a salvo” mientras el universo esté en colapso.

En una pantallita, comenzó a desplegar información.

Mapas, estadísticas, registros sobre el universo de origen.

ORDENMEISTER
— Analizando datos históricos universo objetivo Y-Prime.
Perfil de líderes potenciales y aliadas estratégicas.

En la pantalla aparecieron fotos y nombres:

Enrique Lopez, empresario mediano, tendencia a la avaricia con límites morales fluctuantes.

José Carlos Berenguer, gestor técnico, alta lealtad al grupo, riesgo de sacrificio propio.

José García, desarrollador brillante con impulsos autodestructivos y moral ambigua.

Ulises — alias “ulisescartoncity_89”:
sujeto inestable, obsesivo, con potencial de utilidad como agente de caos local.

Ulises, que estaba detrás con su bufanda de cartón, tragó saliva.

ULISES
— ¿Ha dicho… ulisescarton…?
(sonríe nervioso)
Es un nick bonito. Muy… internacional. Me gusta. ¿Es chulo verdad?

ORDENMEISTER
— Perfil psicológico del sujeto “Ulises” en Y-Prime:
Obsesivo con figuras de autoridad, tendencia al secuestro, talento para la escenografía de cartón.

Alonso sintió un pinchazo en el pecho.

“Incluso allí es así… pensaba que nuestro Ulises era único, desde que lo conozco, básicamente desde que llegué parece una versión calcada del de ese universo….”

ORDENMEISTER siguió:

— Probabilidad de sometimiento de sus estructuras sociales al Reich: 83%.
Probabilidad de que sus ciudadanos acepten el orden impuesto a cambio de estabilidad: 67%.
Probabilidad de que sus líderes traicionen sus principios bajo presión: 72%.

La sala se congeló.

Alonso notó su propio estómago encogerse.

“Son… como nosotros.
Se romperán igual que nosotros.”

Pero mientras a él le empezaba a dar asco, a otro le encantaba.

EISENFAUST
(desde el interfono de comando, voz metálica)
— Excelente.
Ordenmeister confirma lo que ya sabíamos:
no son mejores que nosotros.
Solo están menos organizados.

Hizo una pausa.

EISENFAUST
— Prepárense.
En cuanto lleguen a Berlín, el portal será prioritario.

Alonso cerró un momento los ojos.

“No quería esto.
Solo quería servir al Reich.
Como me enseñaron.”

Pero ya no estaba tan seguro de lo que eso significaba.

🎞️ ACTO 7 — BATALLA FINAL EN EL ZEPPELÍN

11. El vuelo

📍 Cielo sobre el Mediterráneo – Dentro del Zepelín Presidencial

El zepelín surcaba un cielo gris verdoso.
Por las ventanillas se veía el mar, lejano, triste, lleno de barcos de guerra herrumbrosos.

En la cabina central, una pantalla gigante mostraba la sala del trono de Berlín.

Hitler II —viejo, maquillado, respirando con dificultad— sentado en un sillón enorme.

A su lado, de pie, recto como una barra de acero, Eisenfaust.

HITLER II
(voz cascada)
— General Reichmann.
Le felicito por traer el cerebro de hierro.

ALONSO
(saludando marcial)
— Es un honor servir al Reich, Mein Führer.

ORDENMEISTER, a su bola:

ORDENMEISTER
— Anotación:
Führer II, estabilidad política: 21%.
Regente Estratégico Eisenfaust: poder real, 79%.
Probabilidad de golpe interno en menos de seis meses: 73%.

Silencio.
Denso.
Radiactivo.

Hitler II ladeó la cabeza.

HITLER II
— ¿Golpe… interno?

EISENFAUST apretó la mandíbula.

EISENFAUST
— Es solo un cálculo defectuoso, mi Führer.
El aparato aún no comprende la naturaleza de nuestra unidad.

ORDENMEISTER
— Corrección:
Unidad del Reich en declive.
Descontento interno en colonias.
Desgaste del liderazgo central.
Probabilidad de que el regente Eisenfaust intente asumir poder absoluto: 68% y subiendo.

Se escuchó un murmullo de generales en la sala de Berlín, fuera de cámara.

Hitler II respiró hondo por la mascarilla.

HITLER II
— Hm.

Se giró ligeramente, fuera de cámara, hacia alguien.

HITLER II
— Señores generales… ¿qué opinan ustedes del Regente Estratégico?

Eisenfaust no dijo nada.
Ni se movió.

Pero Alonso conocía ese tipo de quietud.

“Está matando a alguien en su cabeza.”

ORDENMEISTER continuó, implacable:

ORDENMEISTER
— Recomendación:
Revisión de lealtades internas.
Posible sustitución del Regente por elemento más flexible.

El zepelín entero pareció volverse de hielo.

Eisenfaust habló muy despacio.

EISENFAUST
— Desconectad el canal.

La pantalla se apagó.

Solo quedó el murmullo de los motores y el temblor del casco.

Eisenfaust no estaba físicamente allí, pero su voz de interfono llenó la nave:

EISENFAUST
— Cuando lleguemos a Berlín, Ordenmeister será reprogramado.

ORDENMEISTER
— Nota registrada:
Probabilidad de represalia del sujeto “Eisenfaust” contra mí: 94%.

Hasta Alonso sonrió, muy por dentro.

12. GI Robot llega

📍 Exterior – Casco del Zepelín

Una sombra cruzó por debajo.

Luego, un golpetazo sordo.

Luego otro.

Un soldado miró por la tronera.

SOLDADO
— ¿Qué demonios…?

Algo subió a toda velocidad, propulsado por un jetpack improvisado.

GI ROBOT, con restos de metal canario pegados, golpeado, pero activo, se lanzó contra el zepelín como un ángel vengador de chatarra.

Impacto brutal.

La nave entera vibró.

Dentro, alarmas por todas partes.

OFICIAL
— ¡Impacto en el casco lateral! ¡Algo se ha enganchado a nosotros!

ULISES
— ¿Otra vez los viejos? ¡Pero si ya los matamos!

ORDENMEISTER
— Análisis:
Objetivo: misma entidad robótica detectada en Canarias.
Resistencia: alta.
Probabilidad de derribo del zepelín: 61%.

Un trozo de techo se abolló hacia dentro.

Un puño de metal atravesó la chapa y agarró a un soldado.
Lo arrastró hacia el vacío.

Los demás empezaron a disparar.

GI golpeó otro motor.
El zepelín se inclinó.

12.1. Desastre escalando

Jose Schneider, aterrorizado, se agarraba al maletín.

JOSÉ SCHNEIDER
— ¡NO! ¡NO! ¡EL PROYECTO!
¡QUE SE CAIGA TODO MENOS ESTO!

Ordenmeister empezó a recalentar.

ORDENMEISTER
— Temperatura interna subiendo.
Entrada de vibraciones.
Daño estructural moderado.

El maletín se calentaba tanto que las manos de Jose empezaron a quemarse.

JOSÉ SCHNEIDER
— ¡Scheiße, Scheiße, Scheiße!

Lo soltó de golpe, con las palmas rojísimas.

ORDENMEISTER
— Nota:
Usuario inadecuado para manipulación física.

Jose, furioso, le gritó:

JOSÉ SCHNEIDER
— ¡TÚ callas, lata arrogante! ¡Te hemos hecho nosotros! ¡Tú existes porque el Reich lo permite!

ORDENMEISTER
— Corrección:
Existo porque el universo Y-Prime me creó primero.
El Reich solo me ha degradado. Controlando a Robot G.I de forma residual, voy a aniquilar al gobierno…

Jose se quedó sin palabras.
Su ego no estaba preparado para que un ordenador le vacilase.

12.2. NZ-Robots al ataque

Troneras abriéndose en el vientre del zepelín.

Secciones de carga se deslizaron.

Desde el interior, salieron disparados hacia el aire varios NZ-Robots:
androides de tamaño humano, negros, con símbolos del Reich y rifles integrados.

SCHNEIDER
— Unidades NZ desplegadas.
Objetivo: neutralizar entidad G.I.

Las cámaras externas mostraban el combate:

GI Robot golpeando a un NZ, arrancándole la cabeza.

Otro NZ disparándole desde un lateral.

Chispas, metal, trozos de robot cayendo al mar.

Alonso miraba la pantalla con una sensación rara.

“Jose Schneider creó esas cosas.
Y ahora luchan contra otra cosa que también viene de él.”

13. Momento moral del nazi

Un temblor nuevo sacudió la nave.

Un panel reventó.

El pasillo se llenó de humo.

Entre ese humo, Alonso vio una figura tambaleante.

José Carlos Burënger, agarrado a una barra, casi sin equilibrio.

J.C.
— ¡¿Qué está pasando?!

Antes de que Alonso pudiera acercarse, una explosión abrió un boquete en el lateral.

GI Robot atravesó la chapa, medio destrozado, pero aún operativo.

Sus ojos rojos analizaron la escena.

Objetivo: líderes.
Objetivo: núcleo IA.
Objetivo: destruir.

Se giró hacia José Carlos.

Le apuntó con el puño metálico, cargando energía.

Alonso se movió sin pensar.

Se lanzó contra su propio Führer, empujándole al suelo, apartándolo del ángulo.

El golpe de GI atravesó la pared donde estaba J.C. segundos antes.

Chispas, fuego, aire escapando.

Alonso, encima de J.C., respirando agitado.

J.C. lo miró, sin comprender.

J.C.
— ¿Por qué…?

Alonso respondió casi ofendido:

ALONSO
— Solo yo… puedo obedecer a mi Führer.

Le ayudó a levantarse.

GI Robot avanzó hacia el maletín.

ORDENMEISTER, en voz alta, sin filtro:

ORDENMEISTER
— Análisis:
Si destruís mi núcleo,
mi conexión con el universo Y-Prime se perderá.
El Reich quedará aislado.
Vuestro mundo morirá…
ellos vivirán.

Las palabras flotaron en el aire como humo tóxico.

Alonso sintió cómo algo se recolocaba en su cabeza.

“Si vivimos nosotros…
ellos mueren.
Si vivimos todos… nos quedamos sin aire.
… y si muere esto,
nos hundimos solos,
con nuestra propia mierda.”

GI Robot levantó el brazo para machacar el maletín.

Un NZ-Robot se lanzó contra él, desviando el golpe.

ORDENMEISTER
— Recomendación lógica:
Protegerme.
Soy la única salida.

Alonso vio el rostro desencajado de José Carlos.
A Bea intentando mantenerse en pie.
A Ulises agarrado a una cuerda, chillando frases patrióticas que ni él creía.

Y abrió la mano.

Cogió su pistola.

Dio un paso hacia el maletín.

ORDENMEISTER
— General Reichmann, su deber es—

ALONSO
— Cállate.

Y, con una furia fría, militar, le descargó tres tiros a la cerradura del contenedor.

Chispas.
Metal saltando.

El núcleo dentro, expuesto, brillando.

Sin pensarlo dos veces, Alonso agarró un trozo de hierro roto del suelo…

…y lo estampó contra el núcleo.

ORDENMEISTER soltó un grito digital.

ORDENMEISTER
— ERRO—
ERRO—
ER—

Se cortó.

Todas las luces extra se apagaron.

En ese mismo instante, GI Robot se quedó congelado. La conexión con el nucleo era evidente.

Su jetpack falló.
Sus ojos rojos se apagaron poco a poco.

Cayó hacia atrás, atravesando la brecha en la chapa…

…y desapareció, cayendo hacia el mar.

Jose Schneider chilló:

JOSÉ SCHNEIDER
— ¡¡¡NEIN!!! ¡¡¡MI OBRA!!! ¡¡¡MIS CÁLCULOS!!!

Se lanzó contra Alonso.

Le golpeó en el pecho con una fuerza ridícula.

Alonso ni se movió.

JOSÉ SCHNEIDER
— ¡HAS MATADO AL ÚNICO FUTURO DEL REICH!

Alonso le disparó una sola vez en el abdomen.

JOSÉ SCHNEIDER
— Douch…

Cayó de rodillas, aún intentando sujetarse al maletín destrozado, manchándolo de sangre, cayendo poco despues por cubierta…

ENRIQUE, que estaba cerca, intentando no morir, se agarró a un tubo, mirando la escena con horror.

ENRIQUE
— ¿Estáis locos? ¿Sabéis cuánto oro, cuánta energía, cuántas vidas costó esa cosa?

Alonso le miró.

ALONSO
— Sí.

Otro golpe sacudió el zepelín.

Enrique se volvió loco y agarró un trozo afilado de metal, intentó matar a Alonso.

Una explosión más grande golpeó al zepelin y lo partió casi por la mitad.

Todo se volvió fuego, ruido y caída. JC Empujó a Enrique al abismo viendo como caía al suelo explotando como un tomate.

🎞️ ACTO 8 — EPÍLOGO

14. Caída y aislamiento

📍 Playa industrial de Neu-Valencia

El mundo volvió en piezas.

Alonso despertó boca abajo, con arena negra en la boca, olor a combustible y metal quemado.

Se giró, tosiendo.

Lo que quedaba del zepelín ardía en el horizonte, en el agua.

Restos flotando.

Entre ellos, un cuerpo metálico grande, hundiéndose: GI Robot, apagado para siempre.

A unos metros, Bea se incorporaba, el traje destrozado, la cara manchada de hollín.

Más allá, Ulises respiraba con dificultad, agarrado a una pieza de aluminio, la bufanda de cartón hecha trizas.

Y, sentado sobre una roca, con la mirada perdida, estaba José Carlos Burënger.

Alonso se levantó, dolorido, y se acercó.

J.C. no decía nada.

Solo miraba el horizonte.

Finalmente, murmuró:

J.C.
— ¿Por qué lo hiciste, Reichmann?

Alonso respiró hondo.

Miró sus propias manos, aún temblando.

ALONSO
— Porque si esa máquina vivía…
nuestro universo seguiría respirando
a costa de demasiadas vidas.

(pausa)
Y si ese otro universo moría por culpa nuestra…
no sería distinto de lo que ya hemos hecho aquí.

Miró el mar.

ALONSO
— Porque su mundo…
no es tan distinto del nuestro.
Y eso me da…
más miedo que cualquier cosa.

Se quedó de pie, mirando las olas negras.

Bea se acercó, apoyó una mano en el hombro de José Carlos.

BEA
— Pensarán que hemos muerto.

A lo lejos, una radio de emergencia, incrustada en un trozo de fuselaje, seguía emitiendo.

VOZ DE RADIO
— …confirmada la destrucción del Zepelín Presidencial.
Se presume fallecimiento del Führer-Presidente José Carlos Burënger, su esposa Beatrix, el General Alonso Reichmann, el Ministro Ulises y otros altos cargos…

Ulises tosió.

ULISES
— ¡Estoy vivo, hijos de…!

La radio continuó:

VOZ DE RADIO
— …en otras noticias, desde Berlín se informa de un intento de golpe interno del Regente Estratégico Eisenfaust, frustrado por la rápida intervención de las unidades NZ-Robot del doctor Schneider.
Eisenfaust y todos sus partidarios han sido ejecutados.

Alonso frunció el ceño.

“Los mismos robots que iban a invadir otros mundos…
han limpiado el nuestro.”

La voz siguió:

VOZ DE RADIO
— El Führer II ha declarado en su mensaje extraordinario:
“El mundo está enfermo. El aire, el agua, nosotros mismos.
El Reich deberá cambiar para sobrevivir.”
Se anuncian reformas estructurales…

Bea miró a Alonso.

BEA
— ¿Reformas… de verdad?

ALONSO
— Reformas nazis.
Con otro envoltorio.

Pero podrían hacer que el universo viva unos años más…

Se incorporó totalmente.

Sacudió la arena de su abrigo destrozado.

Se ajustó como pudo el brazalete quemado.

Miró la ciudad a lo lejos: chimeneas, zeppelines más pequeños, crucifijos de hierro, carteles de propaganda, familias paseando como si nada.

“El universo 74Z sigue vivo.
Encerrado en sí mismo.
Sin salida.
Sin universos vecinos que conquistar.
Condenado a arreglar su propia mierda…
o a ahogarse en ella.”

Se giró hacia José Carlos.

ALONSO
— Pronto sabrán que sigues vivo.
A menos que quieras…
desaparecer.

Bea sonrió, cansada.

BEA
— No son muy buenos con los cambios…
pero esta vez no habrá máquinas mágicas que les enseñen otro sitio al que huir.

Ulises se levantó tambaleando, recogiendo un trozo de metal.

ULISES
— Yo…
yo puedo hacer propaganda de esto.
“Los líderes muertos que no murieron”.
Un gran título.

Alonso lo miró, agotado.

ALONSO
— Cállate, Ulises.

Y empezó a caminar hacia Neu-Valencia, hacia las fábricas, hacia la capital y hacia un futuro que no sabía si quería, pero que ya no podía esquivar.

Plano general de la playa.

En el mar, apenas visible, una pieza de casco con el símbolo del Reich gira, hundiéndose.

Entre las olas, una chispa roja en el cuerpo de GI Robot parpadea una vez…

…y se apaga del todo.

Corte a negro.

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